Carta abierta de un trabajador al Sr. Jorge Coscia
¿Qué está pasando, señor Secretario?
En enero de 2011, al calor del verano y de un conflicto que ardía desde un par de semanas antes, se firmó un acta por la cual la Secretaría de Cultura se comprometía a dar respuesta a algunos de los reclamos de los trabajadores. Estuvieron allí tres representantes de nuestra Junta de delegados de ATE CULTURA, otros tantos de UPCN, el Secretario Coscia, la Subsecretaria Cardillo y sus asesores.
Después de discutir amablemente algunos puntos del acta, y una vez firmada la misma por todos los presentes, el señor Secretario, desde la cabecera de la larga mesa de su despacho, preguntó: ¿Saben ustedes cuáles fueron los gobiernos con mayor cantidad de conflictos laborales? Los peronistas. ¿Por qué?, continuó con didáctica de profesor universitario. Y volvió a responderse a sí mismo: porque los conflictos son una expresión democrática, y nosotros respetamos los derechos de los trabajadores y creemos en el movimiento obrero organizado, etc., etc. Después de su sentida alocución se dio por terminada la reunión y nuestros delegados se retiraron con sus copias del acta bajo el brazo y la promesa del Secretario de que la puerta de su despacho estaría siempre abierta a los legítimos representantes de los trabajadores.
Fue la primera y la última vez que el señor Coscia, ante el peligro de que el calor se transformase en incendio, se dignó a bajar de las alturas de su cargo para reunirse con los delegados de ATE. La puerta de su despacho no volvió a abrirse. Nunca más respondió a nuestros reiterados pedidos de sentarnos a discutir los conflictos o cuestiones a resolver que fueron surgiendo. Es entendible: muchos compromisos, muchos actos oficiales a los que no se puede faltar; aunque lo pongan en la fila veinte, hay que estar ahí.
Sabemos también que las arcas del Estado están bastante flacas, pero no es por culpa de los trabajadores. Entonces, ¿por qué debemos ser siempre nosotros los que pagamos el costo de los despilfarros ajenos? Ah, no es despilfarro, es una crisis económica internacional, se justifican. Pero bueno, lo menos que pueden hacer los funcionarios en estas circunstancias es abrirse al diálogo para buscar soluciones.
¿O será que los conflictos dejaron de ser una muestra de salud democrática? ¿Qué pasó con el respeto a los derechos de los trabajadores? Porque de eso, entre otras cosas, se supone que se trata el credo político que el Secretario proclama como propio, ¿verdad? Eso nos contaron al menos. A lo mejor algunos se olvidaron, o se los comió el pragmatismo, o el instinto de supervivencia. O tal vez las cosas nunca fueron como muchos creyeron que eran. Sepan disculpar tantas dudas.
¿Qué está pasando entonces, señor Secretario? Sería bueno que, honrando sus palabras de aquella memorable tarde y las convicciones que expuso y de las que no nos atreveremos a dudar, pudiera usted escuchar los reclamos de los trabajadores. Podría ser una buena manera de empezar a entender sus necesidades y dar cumplimiento a sus derechos, siempre a mano para ser declamados pero tan pocas veces respetados.
"Uno no puede ponerse del lado de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la padecen." Albert Camus (1913-1960)
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